jueves, 18 de enero de 2018

RELATO " TRAVESÍA POR MI PARTICULAR ORINOCO"


Mi flor preferida pintada por mí

¿Queréis creerme que he vacilado a lo largo de tres años, antes de decidirme  a redactar las líneas que siguen a continuación? Sí, así ha sido, y el motivo tiene mucho que ver con mi idealización de los textos literarios ya que, en su inmensa mayoría, tanto en lo referente a la presentación de la trama así como en su nudo y desenlace se mueven en torno a los denominados actos humanos, esto es, presentan y analizan sucesos entretejidos de valentía o cobardía, de lealtades o traiciones, de amor u odio, de magnanimidades o bajezas espirituales pero, rara vez, se entrometen dichos textos en lo que designaríamos como actos del hombre (entendido el vocablo como término genérico), o sea, lo referente a procesos respiratorios, digestivos, excretorios, etc. Precisamente en este apartado debe hallarse la razón de mis titubeos a la hora de escribir acerca de una imperiosa necesidad fisiológica que, en su momento, me provocó hilaridad en el contexto objetivo y no poco bochorno en lo subjetivo.

Tal y como he insinuado en la cabecera de este escrito, corría la primavera del año 2010 cuando desde el neblinoso aquilón me acerqué a la calidez de estas tierras de las que presumo ser oriunda.

Todo comenzó un despejado primero de mayo del citado año, cuando comencé la ascensión a la sierra de Alor en busca de mi flor preferida. La caminata por los senderos de montaña no me resultaba, al menos en principio, nada penosa pues el sol ni siquiera había alcanzado el cenit del mediodía.

Proseguía mi alegre ascenso, disparando mí máquina de fotos al igual que una consumada nipona que ejerciera el excursionismo no importa por qué parajes, cuando comencé a advertir ciertas molestias provenientes de mi fisiología. Me estaban entrando unas perentorias ganas de mear, de modo tal, que se acrecentaban éstas en parecida proporción a mi preocupación por hallar un lugar, suficientemente discreto, donde vaciar mi vejiga. Apreté el paso mientras ascendía hacia la cima, poblada ya de excursionistas a los que saludaba con la más festiva de mis sonrisas mientras, en mi cuerpo, arreciaba la corredura de entrañas, un in crescendo quebrarse de riñones. Me apretaba sobre mí misma en un vano intento por ofrecer el menor espacio posible al reflejo renal. Me sentaba sobre las piedras con las piernas fuertemente cruzadas. ! !Todo resultaba inútil!

Sentada en unas piedras en la cima

A punto de ascender a la torre que preside la sierra, enfilé un sendero solitario que desembocaba en una espesura de arbustos, separando las ramas a manotazos hasta que descubrí a una joven pareja en pleno esfuerzo procreador. Retrocedí violentamente ante la visión de la muchacha que, totalmente ajena a mi presencia, con sus ojos en blanco y en posición supina, producía un ritmo acompasado al de las nalgas de su compañero.

Ya no podía más. Inundada en frío sudor y con tiritonas que tremaban mi dentadura, me agaché en un rincón de la parte posterior de la torre y comencé a experimentar uno de los placeres más selectos que me había ofrecido la vida hasta ese instante en el que comencé a escuchar voces provenientes de una vereda, trazada a unos pocos metros por debajo de la línea longitudinal de la torre.

 —!Ostias, está lloviendo...!,- se lamentaba una voz.

—!Cómo va a llover, capullo, si no hay ni una sola nube...!,-corregía la sensatez de otra.

—!Eh, tíos, es lluvia dorada...!,- chanceaba una tercera voz.

Pedí, más bien exigí, que me tragara la tierra cuando un miembro del grupo de ciclistas a los que, desde un canalillo, a modo de gárgola natural, habían recibido mis humores corporales,

 —Atronó: !Que se asome esa meona...!

Me agaché todo lo que pude, hundí la cabeza en el pecho y me tapé los oídos en los que, a pesar de mis esfuerzos, no dejaban de introducirse remanentes de bromas pesadas amen de expresiones de dudoso deleite.

En fin, de la experiencia que acabo de narrar extraje una conclusión que he conformado como pensamiento de extraordinaria profundidad, esto es, que la felicidad consiste en la satisfacción de las necesidades fisiológicas... pero !ojo!...en plena soledad.

679 palabras
Muestra de susodicho  Orinoco y el agujerito
Relato escrito para la revista de Feria y fiestas de Olivenza en el 2013.
Actualmente he reducido el relato a 250 palabras para el concurso: De mi  buen humor en Escribiendo que es Gerundio. 




Mª Carmen Píriz García - registro: 1801175422265



miércoles, 17 de enero de 2018

Exposición Monográfica de José Kareaga



Hoy os voy a hablar de un artista de los que en Eibar, ha sido toda una institución y un gran trabajador. En diciembre  fuimos a ver la exposición monográfica de José Kareaga.  Desde niño le gustaba el dibujo y ya con 11 años iba a aprender a dibujar. Además fue el padre de mi profesora de la Escuela de Dibujo y pintura Leire Kareaga.

La exposición dedicada al pintor y grabador estará en Portalea desde el próximo día 15 al 7 de enero.





Inauguración. Un amplio número de artistas asistieron a la muestra monográfica dedicada a José Kareaga. Foto Félix Morquecho

Una exposición monográfica mostrará una parte del trabajo artístico de José Kareaga, dedicado principalmente a la pintura y el grabado, coincidiendo casi con el 10 aniversario de su fallecimiento. A lo largo de su vida participó en múltiples exposiciones de pintura, tanto individuales como colectivas. Por ello, la muestra se compondrá en gran parte de las obras pictóricas, al óleo, cronológicamente ordenadas según el momento que realizó en vida, así como otros modelados, cincelados, dibujos, bocetos a lápiz y acuarelas. También se podrán ver catálogos, dossieres de prensa, libros, fotografías y herramientas de trabajo empleadas por Kareaga. Igualmente, se reserva una zona para proyectar un audiovisual con conversaciones y declaraciones realizadas por él a los programas Eibartarren Ahotan- Ahotsak.

José Kareaga en su  trabajo de  grabador 

Nacido en la calle Errebal, lugar que se refleja en varios de sus cuadros, el 9 de marzo de 1930, su casa distaba muy poco de otra, en la que nació el ilustre pintor eibarrés Ignacio Zuloaga. Hijo y nieto de maestro grabadores, a los 11 años ingresó en la academia municipal de Dibujo, regentada por los profesores Gregorio Muguerza y el gran pintor Jacinto Olave. Después, a los 13 años, en el taller de grabado de su padre Mateo Careaga, inició bajo su experta mirada, sus primeros pasos en el arte del modelado y grabado. El fue su verdadero maestro. A los 15 años alcanzó la certera convicción que su vida debía girar por ese rumbo y a los 16 ingresó en la Escuela de Armería, por un espacio de tres años, donde adquirió conocimientos de álgebra, dibujo industrial… Un año después obtuvo el primer Premio Provincial en modelado en cera y vaciado en escayola, en Donostia, y a los 18 años, por la misma técnica, le otorgaron en Madrid, a nivel nacional, una Mención Honorífica.




En esta faceta de grabador destacan sus trabajos de medallería, troquelería, placas conmemorativas, trabajos de joyería. Toda la vida dedicada al grabado hizo que en el año 1994, la Cámara de Gipuzkoa le otorgase un diploma a su trayectoria artesanal en el mundo del grabado.

Más de 400 trabajos al óleo

En blanco y negro  pintado muchos caseríos 

Naturaleza ,  caseríos, oficios
Bocetos







Algunos de los retratos 








No obstante, a la hora de analizar su trayectoria, desde el primer momento, se extrae que Kareaga guardaba una verdadera pasión por la pintura. «Creo que llegué al mundo, cautivado por el arte y la naturaleza. Desde muy niño fue cuando comencé a degustar los encantos de esas maravillas. Mi abuelo paterno, Cayetano Careaga, supo también conjugar en su vida, esos preciosos elementos», comentaba, en vida, Kareaga. Quedó impresionado, cuando apenas contaba 6 años, con el pintor callejero, que luego, en el andar del tiempo llegaría a ser el gran artista Bay- Sala, quien pintaba y vendía en el arenal de Bilbao. También su tía Mercedes, promotora de los Talleres Protegidos Cayetano Kareaga (hoy Gureak) le regaló un estuche de acuarela y a partir de ahí tomó apuntes con esta técnica. Ni siquiera su padre, temeroso de que esta afición le apartase del oficio del grabado, pudo con su vocación pictórica.
Acuarela
A los 19 años, acudió a Bilbao a la academia del pintor Miguel Marañon a perfeccionarse. Aquí aprendió la técnica al carbón. Tomó contacto con jóvenes pintores eibarreses, como Paulino Larrañaga, Ignacio Iraegui, Dunixi Murua.. y juntos partían periódicamente al campo, provistos del instrumental de trabajo. Su escenario preferido era el Duranguesado. Siguió la tradición ‘plenairista’ de los impresionistas, comenzando el cuadro ‘in situ’ aunque reelaboró luego en el estudio la primera impresión. Mir, Sisley o Vázquez Díaz.. entre otros eran sus referentes.

Premios y exposiciones

      

Los premios se sucedieron en todos los pueblos en los que participó, especialmente, en los certámenes al aire libre. En todos obtuvo algún primer premio. Y en exposiciones de pintura colgó sus trabajos en muchas salas más. Su pintura se situó en la frontera entre el impresionismo y el expresionismo. Sus pinceladas iban ordenadamente modelando las formas, trabajos con un claro propósito constructivo que hacía recordar a los cubistas, influencia probablemente de su formación en el modelado. La temática giraba en torno al paisaje, sobre todo el vasco, donde trató siempre de captar los difíciles grises y verdes de sus tierras y cielos, los hayales y la arquitectura popular de sus viejos caseríos. Toda esa pasión le llevó a realizar más de 400 óleos, y que se han podido ver en diferentes exposiciones tanto individuales como colectivas. 
Reportaje obtenido de El Correo y texto escrito por Alberto Echaluce

 

 

 


Las fotos de los  cuadros los hice  con mi móvil en la misma exposición.


La familia del pintor está llevando a cabo un trabajo recopilatorio de su obra para diseñar una página web con la que difundir sus trabajos.



Mi  profesora Leire nos explica  la exposición.
 

Mutruku

Mis compañeros de pintura  atentos al vídeo de José Kareaga
  
Rincones de Eibar
  
Es solo una pequeña parte de los cuadros que  ha pintado José a lo largo de su  vida,  y en la sala  había  una gran muestra de  ellos.